El Banco Mundial advirtió que la región enfrentará en 2026 un crecimiento débil del 2,1%, inferior al del año anterior, en un contexto marcado por la incertidumbre global, altos costos de financiamiento, baja inversión y presiones inflacionarias. Según el organismo, América Latina sigue rezagada frente a otras regiones emergentes debido a debilidades estructurales persistentes, como la elevada informalidad laboral, el bajo nivel de inversión y el limitado margen fiscal. A pesar de condiciones relativamente favorables —como precios altos de materias primas y una moderación de tasas de interés—, la inversión privada no logra consolidarse y la demanda interna sigue siendo frágil. La incertidumbre geopolítica, sumada al impacto de tensiones internacionales y a la desaceleración de grandes economías como Estados Unidos, Europa y China, continúa afectando negativamente el desempeño regional.
El informe destaca un panorama heterogéneo entre países. Argentina aparece como la principal excepción al alza gracias a reformas económicas recientes, aunque con costos sociales visibles, mientras economías como Paraguay y varios países de Centroamérica muestran dinamismo apoyado en exportaciones, remesas e integración regional. En contraste, Brasil y México enfrentan un crecimiento más lento debido a restricciones internas y mayor exposición a riesgos externos, incluidos los efectos de políticas comerciales de Estados Unidos. Chile y Perú registran avances moderados impulsados por la minería, mientras el Caribe muestra divergencias entre economías petroleras en expansión y aquellas dependientes del turismo. Frente a este escenario, el Banco Mundial insta a acelerar reformas estructurales, fortalecer la confianza empresarial, impulsar la inversión y aprovechar los abundantes recursos naturales —como litio, cobre y energías limpias— para generar empleo de calidad y mejorar la productividad, condiciones clave para revertir el estancamiento y lograr un crecimiento más sostenido e inclusivo.
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