Israel confirmó la muerte de Ali Yusef Harshi, cercano colaborador y secretario personal de Naim Qasem, líder de Hezbollah, durante una intensa ofensiva aérea sobre Beirut y el sur del Líbano. Los ataques, descritos por el primer ministro Benjamin Netanyahu como operaciones “con fuerza, precisión y determinación”, dejaron más de 250 muertos y alrededor de mil heridos. La ofensiva incluyó bombardeos a infraestructuras clave, depósitos de armas, lanzaderas y puentes estratégicos utilizados —según Israel— para el traslado de armamento del grupo chiita, en lo que constituye una de las mayores acciones militares recientes contra Hezbollah.
El episodio se produce en medio de la frágil tregua entre Estados Unidos e Irán, que ha quedado en entredicho por la exclusión del frente libanés del acuerdo. Mientras Israel sostiene que el alto el fuego no aplica a Líbano, Hezbollah acusa a Tel Aviv de violar la tregua y respondió con nuevos ataques contra el norte israelí, marcando la primera escalada desde el anuncio del cese temporal de hostilidades. La situación evidencia la persistente fragmentación del conflicto regional y el riesgo de una mayor escalada, en un contexto donde los distintos actores mantienen interpretaciones divergentes sobre los alcances del acuerdo impulsado con mediación de Pakistán.