Es muy probable que dentro de tu teléfono móvil haya una minúscula cantidad de un metal que comenzó su viaje enterrado en el subsuelo del este de la República Democrática del Congo, donde actualmente se libra una brutal guerra.
Incluso es posible que esté directamente relacionado con el grupo rebelde M23, que ha saltado a los titulares de todo el mundo esta semana.
El tántalo que contiene tu dispositivo pesa menos de la mitad de una arveja, pero es esencial para el funcionamiento eficiente de un teléfono inteligente y de casi todos los demás dispositivos electrónicos sofisticados.
Las propiedades únicas de este metal raro, azul grisáceo y lustroso, como la capacidad de mantener una carga elevada si se compara con su tamaño y funcionar a distintas temperaturas, lo convierten en un material ideal para los diminutos condensadores que almacenan energía temporalmente.
También se extrae en Ruanda, Brasil y Nigeria, pero al menos el 40% -y quizá más- del suministro mundial de este elemento procede de la República Democrática del Congo, y algunas de las principales zonas mineras están ahora bajo el control del M23.
Esta milicia está liderada por miembros de la etnia tutsi, víctima del genocidio ruandés de 1994, que aseguran que tomaron las armas para proteger los derechos de esta minoría.
La actual oleada de combates se ha prolongado durante meses, pero los rebeldes acapararon la atención con el asalto del domingo a Goma, centro esencial de comercio y transporte. La ciudad, fronteriza con Ruanda y con un millón de habitantes, es un centro regional para el negocio minero.
Los enfrentamientos entre esta milicia y las fuerzas gubernamentales han dejado escenas dantescas, con miles de muertos y cadáveres tirados por las calles.
El caos que se apoderó de la ciudad cuando fue tomada por el M23 propició una fuga masiva de la cárcel de Munzenze, en la que más de 100 mujeres fueron violadas en la sección femenina de la prisión y posteriormente quemadas vivas al incendiarse la misma, según un informe de la ONU.
En el último año, el M23 ha avanzado rápidamente por el este de la República Democrática del Congo, una zona rica en minerales, ocupando territorios en los que se extrae coltán, el mineral del que se extrae el tántalo o tantalio.
Como muchos otros grupos armados que operan en la zona, el M23, creado en 2012, comenzó defendiendo los derechos de un grupo étnico que se consideraba amenazado. Pero a medida que su territorio se ha ido expandiendo, la minería se ha convertido en una fuente de ingresos crucial para pagar combatientes y armas.
Según la ONU y grupos como International Crisis Group, Ruanda apoya a los milicanos del M23, los entrena y respalda con armamento sofisticado e incluso con soldados sobre el terreno.
"No cabe duda de que hay tropas ruandesas en Goma apoyando al M23", dijo el jefe de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU, Jean-Pierre Lacroix.
El pasado abril, el M23 se apoderó de Rubaya, una ciudad situada en el corazón de la industria del coltán del país.
La extracción de minerales en esta región no está en manos de conglomerados multinacionales, sino que miles de personas trabajan en minas a cielo abierto que se extienden por el terreno, o bajo tierra, en condiciones sumamente inseguras e insalubres.